DIARIO DE UNA REPORTERA SECRETA – TEATRO ROMANO DE MÉRIDA

LOS SECRETOS (Mérida, 17 de septiembre de 2010)
Por Marta Pich

Magia, mucha magia es lo que envolvió el concierto que Los Secretos ofrecieron en el Teatro Romano de Mérida, acompañados de la Orquesta Sinfónica de Extremadura. Tardaremos mucho tiempo en olvidar todo lo que sentimos esa noche en la que la meteorología, lejos de cumplirse las previsiones de lluvia, jugó a nuestro favor y las nubes dejaron paso a la luna. No sé si fue cosa de los dioses o que el astro tampoco quería perderse el acontecimiento.

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Detrás de un concierto de estas características se esconde mucho trabajo y coordinación. No se podía dejar ningún cabo suelto, así que Santi, Álvaro y Jesús, junto con Víctor, se desplazaron a Mérida el día antes. Yo viajé con Ramón el mismo día del concierto. Juanjo también fue por su cuenta. Durante el camino, el maestro Arroyo aprovechó para repasar los temas con arreglo para orquesta escuchando el CD “Concierto sentido”. Sobre las tres de la tarde llegamos a nuestro destino y nos reunimos con el resto del grupo, que estaban comiendo en el Casino. No hubo tiempo para la siesta y a la cuatro y media nos fuimos hacia el recinto. La majestuosidad del Teatro Romano impresiona a cualquiera que se adentre en él.
Bajo un sol radiante, los chicos empezaron a probar sonido. Durante un descanso, Álvaro, después de atender una entrevista para una televisión, intentaba buscar el rincón dónde se estuviera más fresquito. Cómo cualquier otro día, el Teatro Romano estaba abierto al público y algunos visitantes pudieron disfrutar de los ensayos. Entre ellos estaba una pareja de Barcelona que había hecho catorce horas en tren para poder estar allí. Pero viendo sus caras, no parecía haber sido ningún sacrificio. También estaba Elisa, una preciosa niña de ocho años, con la camiseta de Los Secretos y el libro de fotografías en la mano. Iba con sus padres y venían desde Burgos. Se había saltado las clases, pero “un día es un día”. La pequeña observaba y escuchaba a su grupo favorito con auténtica devoción. No era la primera vez que nos encontrábamos en un concierto de Los Secretos y seguro que no será la última. Son sólo dos de los muchos ejemplos de gente que hizo un montón de kilómetros para no perderse el concierto. Hubo un momento en que los espectadores de excepción que estaban en el teatro arrancaron a aplaudir espontáneamente en medio de las pruebas. A las siete y media cerraron el recinto y tuvieron que salir. Tras los ensayos con la Orquesta Sinfónica OSCAM nos fuimos al hotel.

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Volvimos al teatro cuando pasaban pocos minutos de las diez de la noche. Mientras actuaba el grupo telonero Ama, en los camerinos Los Secretos se concentraban para salir al escenario. En ese momento pillé a Álvaro in fraganti anotando algo en el cartel que señalizaba el camerino del grupo. Escribió “menos Ramón y Juanjo”. “Eso es porque tienen envidia que yo tenga una camerino para mi solo”, bromeó. Eran las once de la noche cuando Los Secretos y la Orquesta Sinfónica de Extremadura salieron al escenario para rendirse ante las más de 3.500 personas que abarrotaban el teatro. El concierto era un auténtico broche de oro para cerrar el Festival de Mérida. La acústica del recinto era inmejorable. La gente comentaba que sonaban cómo nunca y el público vibró, se emocionó y se levantó en numerosas ocasiones de sus asientos para ovacionar a los músicos. Para muchos fue el concierto en mayúsculas de esta gira y los que se lo perdieron seguramente se deben estar tirando de los pelos. Si a la luz del día el Teatro Romano es espectacular, de noche y con la iluminación, te transporta a otra época. Parecía que las estatuas romanas fueran a cobrar vida de un momento a otro ante la fusión de dos épocas tan alejadas en el tiempo, pero que esa noche compartían un mismo espacio.

Para este concierto, la distribución de Los Secretos en el escenario sufrió algunas variaciones y, excepcionalmente, Santi estaba a primera línea, dentro de una especie de cajita de metacrilato, por cuestiones de sonido. “Esta noche hemos cumplido el sueño de tocar con una sinfónica, que ya habíamos experimentado en otra ocasión, y de tener al batería encerrado”, comentó Álvaro, a lo que Santi replicó “el día que hable yo…” A lo largo de la noche no faltaron los habituales recordatorios a Enrique, al público (al que dedicaron “Pero a tu lado”) y un agradecimiento especial a sus familiares, que ocupaban la primera fila y que estaban realmente emocionados. El padre de Jesús me comentó, al día siguiente, que esa noche casi no había podido dormir por el cúmulo de sensaciones que había vivido durante el concierto.

“La música es todo un mismo mar y clásica y moderna estamos en comunión”, apuntó Álvaro durante el concierto. Los Secretos escribieron la noche del 17 de septiembre una página más de su historia con un concierto en el que brillaron con luz propia en un marco incomparable, con un lleno absoluto y que perdurará en la memoria colectiva de mucha gente. ¿Qué más se puede pedir?