DIARIO DE UNA REPORTERA SECRETA – Cuenca

Por Marta Pich
Cuenca, 28 de agosto de 2010

Quedamos en Las Ventas a las 6 de la tarde para salir hacia Cuenca, aunque esta vez Santi y Ramón iban por su cuenta. Del resto del grupo, los primeros en llegar fueron Jesús y Juanjo. Iban … con unos minutos de retraso, pero aún faltaban Álvaro y Víctor con la furgoneta, así que tuvieron tiempo para ir a la tienda de la esquina a comprar un regalo de cumpleaños para Santi. Al rato aparecieron los dos con un paquete, pero no quisieron desvelar el contenido. Al final, acabamos saliendo casi media hora tarde, pero el viaje era corto e íbamos bien de tiempo. En esta ocasión, nos acompañó Vicky, de Cuatro Gatos. Por una vez éramos dos chicas en la furgoneta. El problema es que ninguna de las dos sabía jugar al mus y eso, en un viaje en carretera de Los Secretos, es casi imprescindible. Así que buscamos una alternativa y terminamos jugando al siete y medio. Era una escena atípica y no era lo mismo que una partida de mus, pero nos lo pasamos bien. Antes de las ocho de la tarde llegamos a Cuenca. Primero hicimos escala en el hotel y allí nos encontramos con Santi. Era el momento de entregarle el regalo. Jesús y Juanjo le habían comprado un sombrero, que Santi lució durante el concierto.

A las 8 y media nos fuimos hacia la plaza de toros. No era la primera vez que el grupo actuaba en este recinto. Al pisar la arena, me vinieron a la memoria un montón de recuerdos del concierto que ofrecieron allí en 2006. Los años pasan, pero hay cosas que perduran en el tiempo y las canciones de Los Secretos son una de ellas. Recuerdo que en esa ocasión por la tarde aprovecharon para hacer un ensayo y la prueba duró y duró. Nada que ver con esta vez, que fue breve. Curiosamente, hubo una escena que sí se repitió en el camerino, pero con distinto protagonista. En el concierto de hace cuatro años Ramón se cayó de la silla y en esta ocasión fue Juanjo.

Quedaba poco más de una hora para empezar el concierto y en la puerta de entrada de la plaza se había formado una cola de gente larguísima para entrar. Cuenca se volcó con Los Secretos y la gente acudió en familia a la cita. La plaza se llenó y se podían ver numerosos cochecitos de niños aparcados en los laterales y los más peques jugando y bailando por la arena. Cuánta razón tiene Álvaro cuando dice que la gente del gremio les envidia por tener el público que tienen.

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Minutos antes de empezar el concierto, desde la puerta de cuadrillas, se podía oír el murmullo de la gente. Álvaro se acercó hacia el escenario. Momento de concentración. Luego salió el resto del grupo y empezaron a bromear haciendo ejercicios de calentamiento, incluido, levantamiento de ceja. A las once menos cuarto de la noche el grupo subía por la rampa del escenario. Una noche más, Los Secretos acariciaron el cielo con un concierto lleno de sensaciones musicales y de público. Pero la del sábado fue la noche de Santi Fernández, que causó furor con su sombrero. “Todos los músicos alguna vez hemos celebrado nuestro cumpleaños en un concierto”, comentó Álvaro al público. Inmediatamente, miles de voces empezaron a cantar al unísono un espontáneo cumpleaños feliz. Santi recibió este pequeño gran regalo visiblemente emocionado. Él, que se caracteriza por su discreción y que acostumbra a mantenerse en un segundo plano, se convirtió esa noche en el centro de todas las miradas. Después del concierto y ya en petit comité, tuvo su particular fiesta de cumpleaños en el camerino, con cava para brindar y una tarta. También sopló las velas, cómo debe ser. Después de este momento más íntimo, el grupo salió de nuevo al ruedo para atender a sus seguidores.